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Mejora tu salud a través de una alimentación consciente

Uno de los aforismos más importantes del considerado padre de la medicina, Hipócrates, dice así: que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento.

Actualmente, en el mundo de la medicina moderna vemos que lo que dijo Hipócrates en el siglo I a.C.  encaja perfectamente con la evidencia científica  más actual. Con la ayuda de una alimentación equilibrada y completa podemos ser capaces de mantener una buena salud y de restaurar muchos de los desequilibrios que puede sufrir nuestro organismo.

Sufrimos los efectos nocivos de muchos factores externos que difícilmente podemos controlar (contaminantes, radiaciones, estrés), pero también disponemos de otros factores como la alimentación que puede ayudar a contrarrestar estos efectos perjudiciales. Optar por una dieta equilibrada semanal es la manera más inteligente de ayudar a mantener la salud. Además, estos efectos beneficiosos de la alimentación se potencian cuando consumimos productos frescos y de proximidad, ya que tienen un mayor contenido de compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, como vitaminas, polifenoles y carotenoides, entre otros.

Proporcionar a nuestro cuerpo productos frescos y de proximidad

Hoy en día, mucha gente padece de síntomas leves pero molestos como insomnio, cansancio, malas digestiones, estreñimiento, diarrea, problemas de piel como piel seca, eccemas o dermatitis, dolores osteoarticulares sin causa definida, en mujeres dolor menstrual, etc. Todos estos malestares pueden ser síntomas de que algo está ocurriendo en nuestro organismo. No obstante, más graves son otros trastornos metabólicos que sin dar ninguna molestia, van minando nuestro organismo, como el estrés oxidativo y la inflamación sistémica, que son las bases de enfermedades más graves como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la obesidad y las enfermedades neurodegenerativas entre otras.

 Somos lo que comemos

Aunque hay una muy buena noticia: a través de una alimentación saludable podemos mejorar o hasta erradicar muchos de estos síntomas. Si damos a nuestra dieta la importancia que se merece, ya que como bien decía Ludwig Feuerbach “somos lo que comemos”, seremos capaces de mantener nuestra salud y desarrollar nuestro potencial en los diferentes ámbitos de la vida, tanto personales como profesionales.

Los secretos de los alimentos esconden lo que Vimet denomina “propiedades sutiles”. Cada producto fresco que nos ofrece la naturaleza presenta unos componentes bioquímicos esenciales que ayudan a un correcto funcionamiento del organismo, de entre los cuales tenemos las vitaminas y minerales, ciertos azúcares complejos y grasas insaturadas, y por último pero no por ello menos importante, las proteínas.

Una buena planificación semanal de nuestras comidas es la clave

Podríamos clasificar de una manera simple y sencilla los alimentos en tres categorías: primero, los que nos generan energía (carbohidratos y grasas); segundo, los que crean estructura y tejido (proteínas y grasas); y tercero, los antioxidantes y catalizadores de reacciones químicas del organismo (vitaminas y minerales). Todos estos componentes son necesarios para el funcionamiento de nuestro organismo. Una dieta variada y equilibrada ayuda a mantener un control adecuado de las proporciones de cada uno de ellos.

Siguiendo las categorías por orden, los carbohidratos y las grasas son necesarios para generar la energía básica para poder vivir. Es muy importante el aporte de estos dos elementos controlando su cantidad y calidad. Como bien sabemos, una de las dietas más saludables es la dieta mediterránea, ya que reúne dos razones que explican parte de sus excelentes características saludables: primero, limita la ingesta de carbohidratos a cereales preferiblemente integrales y legumbres y desaconseja el consumo de azúcares refinados, alimentos procesados y bollería; segundo, el aporte de grasas mayormente proviene de origen vegetal (aceite de oliva virgen extra y frutos secos) y del mar (pescado y marisco) y muy poco de origen terrestre animal (carnes procesadas, carnes rojas, embutidos, etc).

La dieta más saludables es la dieta mediterránea

Las legumbres y los cereales integrales son ricos en fibra. La fibra ayuda a ralentizar la entrada de glucosa al organismo y así disminuir la concentración niveles de glucosa en sangre. Es muy importante mantener una concetnración de glucosa constantes en sangre y evitar los picos. Estos aumentos de glucosa obligan al páncreas a producir mucha más insulina, con lo que aumenta el riesgo de que ésta se agote (diabetes). También provocan un estado inflamatorio al organismo que es la base de muchas otras enfermedades crónicas. Debemos, pues, limitar el consumo de alimentos como galletas, azúcar, miel, pan blanco, arroz blanco, bollería industrial (magdalenas, croissants y donuts) y chocolates con bajo contenido de cacao. La OMS y numerosas sociedades científicas recomiendan firmemente limitar la ingesta de azúcares simples a lo largo de toda la vida, para reducir la incidencia de diabetes mellitus tipo 2 y muchas otras enfermedades crónicas generadas por un alto consumo de los mismos.

 

Las grasas son un elemento dual que puede utilizarse tanto para generar energía como para ayudar a crear la estructura de nuestras células. La membrana de nuestras células está compuesta en su mayor parte por grasas, concretamente por una fila doble de grasas, que se conoce por el nombre de bicapa lipídica. Hay que ser conscientes que la correcta formación de la membrana de cada célula es primordial para que las substancias beneficiosas de los alimentos puedan entrar correctamente en el organismo y llevar a cabo su función, a la vez que las toxinas y desechos tengan vía libre para salir de las células y poder ser eliminadas del organismo.

El consumo de grasas saludables es esencial para nuestra salud.

Repitiendo nuestro lema “somos lo que comemos”, el consumo de grasas saludables es importantísimo para la formación de la membrana de las células, para que ésta esté perfectamente constituida y vigile qué entra y qué sale de la célula. La ingesta de grasas saturadas (como las animales) se acompaña de una mayor incidencia de enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, o la obesidad. Mientras que un mayor consumo de grasas no saturadas como el aceite de oliva (MUFA) o de frutos secos o pescado (PUFA) se acompaña de una menor incidencia de estas enfermedades.

El consumo de proteínas con alto valor biológico es importante para mantener una buena estructura de nuestros tejidos y de nuestras células. Las células de nuestro organismo utilizan los aminoácidos, elementos básicos de las proteínas, que constituyen la base de los tejidos, las enzimas, las hormonas, los anticuerpos y neurotransmisores. Las proteínas también juegan un gran papel en la integridad de nuestro intestino que tiene un rol importantísimo en la salud. No por nada dijo Hipócrates, ya en su momento, la célebre frase “toda enfermedad comienza en el intestino”.

“Toda enfermedad comienza en el intestino”

La tercera y última categoría de la clasificación son los antioxidantes y los catalizadores de reacciones químicas que constituyen las vitaminas y minerales. Son sumamente esenciales en todos los procesos bioquímicos del organismo y debemos aportar a nuestro cuerpo las cantidades necesarias para que pueda funcionar correctamente.  

Antes que depender de los cuidados médicos para tratar leves síntomas o prevenir las enfermedades más frecuentes, es preferible basar nuestra salud en un patrón de alimentación saludable que mantenga y fortifique nuestro organismo, por ello es importante consumirlo con las proporciones adecuadas en cada comida y repartidos adecuadamente a lo largo del día, dentro de un estilo de vida también saludable, que incluye actividad física a diario, comer en familia y amigos, y saber disfrutar de cada momento, para así reducir el estrés y la ansiedad.